3 PASOS DE LA GESTIÓN EMOCIONAL

Con los 3 pasos de la gestión emocional, podemos aprender a utilizar cualquier situación emocional de gran intensidad para nuestro beneficio.

¿La clave? Ser conscientes de que esconden una enseñanza, que en realidad nos quieren decir algo, y que si aprendemos a encontrarla, la situación aparentemente conflictiva  en realidad nos habrá servido para dar un gran paso hacia adelante.

PASO 1: RECONOCER LA EMOCIÓN: permitirnos sentirnos de la manera en que nos estamos sintiendo.

En la mayoría de ocasiones, ante un instante de intensa emoción, solemos resistirnos a sentir lo que estamos sintiendo. En el fondo, estamos luchando contra la situación. No queremos sentirnos así, ni vivir lo que estamos viviendo. Pero así estamos perpetuándolo.

El primer paso consiste en acompañarse a uno mismo, como cuando alguien cercano a nosotros nos escucha, nos acompaña. Sentir la emoción sin juzgarla. No tratar de ir más allá buscando porqués. Este no es el momento, puesto que en un estado de intensa emoción, nuestra mente no está receptiva, sino en modo huida o defensa. Basta con observar sin juicio. Decirnos a nosotros mismos: «ok, estoy sintiéndome mal. Permito que se expanda la emoción y la vivo».

PASO 2: CREAR ESPACIO

Crear espacio en este punto es fundamental. Para ello, debemos ser conscientes de que nuestra intención es quitar a la mente del juego en ese espacio de tiempo. Podemos visualizar una señal de STOP frente e nosotros. De esta manera, frenamos el proceso mental de pensamientos afines en bucle al respecto, desde los cuales no podremos encontrar una solución placentera para nosotros.

En este momento, la mejor opción para crear espacio puede ser beber un vaso de agua, respirar profundamente mientras centramos nuestra atención en un punto fijo de la nariz y observamos el aire pasar, o simplemente cerrar los ojos e ir visualizando cada parte de nuestro cuerpo relajada al tiempo que sentimos cómo cada vez cada parte de nuestro cuerpo pesa más y más.

PASO 3: GIRAR EL FOCO DE ATENCIÓN

Una vez me he permitido vivir la emoción y he creado un espacio SIN MENTE, mi prioridad ahora es sentirme un poquito mejor. Si bien es cierto que desde este punto, alcanzar un estado emocional de alegría estaría muy lejos, he de ser consciente de que sí puedo hacer pequeñas cosas que gradualmente irán haciendo que me sienta mejor.

La pregunta fundamental en este punto es: «¿Qué es lo que más me apetece hacer ahora?». Consiste en guiar nuestro foco de atención hacia el sentir, hacia la experiencia que mejor me haga sentir en ese instante. Puede ser beber un zumo, dar un paseo, darme una ducha o escuchar cierta música. Cualquier actividad que realmente me apetezca, por nimia que aparente ser, realmente estará cumpliendo una función muy positiva dentro de mí: dar prioridad a sentirme bien.

¿Por qué es de especial importancia sentirme bien? Debido a que repercute tanto a nivel químico en mi cuerpo, como a nivel energético. Desde el momento en que me siento bien, estoy fluyendo, y es ahí cuando aparecen las ideas creativas que podrán ayudarme a mejorar la situación.

Photo by Mikael  Kristenson