Adicción al estrés: ¿vivencia o supervivencia?

Existen varios tipos de ondas cerebrales, y cada una de ellas vibra a una determinada frecuencia. Nuestro cerebro emite ondas beta cuando estamos en un estado de atención primaria, es decir, pendientes de nuestro entorno. Las ondas beta altas se producen cuando nuestro sistema nervioso se encuentra en estado de alerta, de estrés, de máxima tensión.

Por otro lado, existen las ondas alfa. Entramos en este estado cerebral cuando paramos un momento a respirar profundamente y calmamos nuestro estado de tensión. Según relajemos nuestro organismo y entremos en un estado de menor actividad mental, iremos poniendo en coherencia nuestro sistema nervioso, y pasaremos de una emisión dispersa de ondas (cada onda emite en una dirección distinta, creando caos), a una emisión de ondas coherente, como si de un rayo láser se tratara. Todas las ondas apuntarán en la misma dirección, y nuestros pensamientos serán más claros.

Cuando pasamos demasiado tiempo en una continuidad de estrés, el sistema nervioso central deja de poder cumplir su función básica, la de coordinar todos los sistemas del cuerpo: hacer latir el corazón, el ritmo respiratorio, y un sinfín de actividades rutinarias. ¿Por qué? porque para el sistema nervioso central, todo pasa a ser una emergencia. Y entonces prioriza. Mantiene las funciones más básicas desde un estado de supervivencia. Para quienes todo es una emergencia, sus pensamientos están basados constantemente en la supervivencia, y esta sobrecarga genera estados emocionales de frustración, rabia, tristeza, inseguridad, ansiedad…

Cuando intentamos solucionar cualquier situación desde estos estados emocionales tóxicos, realimentamos aún más dichas emociones. Entrar en este bucle genera un desequilibrio en el cerebro, y las regiones cerebrales dejan de funcionar en armonía. Comienzan a funcionar por separado y desordenadamente. Entonces el cerebro comienza a enviar señales electroquímicas incoherentes a través de la médula espinal, al resto de los sistemas fisiológicos, y por tanto el cuerpo se prepara para la enfermedad, ya que deja de actuar en armonía. Pierde la homeostasis.

En este estado nos cuesta mucho trabajo mirar hacia nuestro interior, encontrar soluciones potentes, o ser receptivos y generar una vida armónica, porque no nos encontramos en un estado creativo, sino de supervivencia. Un estado primario.

Por eso nuestra vida no puede pasar a un nivel mayor, o nos sentimos capaces de generar otra serie de circunstancias, sino que vivimos en un bucle de acontecimientos repetitivos, ya que nuestra mente vive continuamente en el pasado.

En lugar de vivir cada momento desde el presente, nuestra mente vive en piloto automático. El 90-95% es subconsciente, y desde ahí interpretamos cada situación que vivimos. Dándole la connotación, el significado que interpretamos en función de experiencias pasadas, por lo que los resultados de cada acción presente volverán a ser los mismos que en el pasado. No salimos del bucle porque no vivimos el momento presente tal como es, sino desde la frustración del porqué no experimentamos algo mejor. Sin darnos cuenta de que ese futuro en bucle lo estamos generando nosotros mismos.

Photo by Jeff Sheldon