CONCENTRAR EL PUNTO DE ENFOQUE EN EL MOMENTO PRESENTE

La física cuántica nos enseña el poder de la presencia en el momento presente. Cuando nuestras ondas cerebrales están en armonía, en un estado alfa, zeta o delta, quiere decir que nuestra atención plena está puesta en el ahora. Cuando dormimos, estamos muy lejos de ese estado beta en el que nuestros sentidos reciben una cantidad enorme de estímulos. Por tanto, nuestro cerebro «descansa». Sin embargo, en estado de ondas delta, esos 110 minutos de sueño profundo  (el sueño paradoxal) en los que nuestro cuerpo es incapaz de moverse, es cuando mayor actividad cerebral hay. ¿Cómo es esto posible?

Cuando trabajamos la atención, la concentración de nuestro punto de enfoque en lo que estamos viviendo en ese preciso instante, no hay mente. Es decir, no estamos permitiendo que esa inercia mental nos lleve a pensar en el futuro ni en el pasado. Esto quiere decir que no estamos proyectando la situación actual mediante la vinculación a un recuerdo. Nos permitimos vivirla tal como es, sin interpretaciones. Las cosas en ese estado son tal y como las experimentamos. Lo precioso de este acto es que nos permitimos dejar el piloto automático a un lado, ese que hace que revivamos situaciones parecidas aunque el escenario cambie. Y sustituimos ese piloto automático por conciencia. Dejamos de pensar, y comenzamos a sentir. Escuchamos de verdad. Hablamos de verdad. Porque nos permitimos ser nosotros mismos, tal como somos. Tal como haría un niño que aún no tiene esa inercia mental que todo lo interpreta. Tenemos la conexión de un niño, pero con la sabiduría de un adulto, la añadida por todos esos años de experiencias que nos han dado la información para poder comprendernos a nosotros mismos y a los demás.

Cuando nuestra atención plena está concentrada en el momento presente, nuestra intención es como un láser. Sin embargo, si dejamos que los estímulos y la mente distorsionen cada vivencia o situación, experimentaremos mayor ansiedad y tensión porque nuestra intención dejará de ser un láser, y estará dispersa en multitud de ramificaciones. Entonces es cuando vivimos en piloto automático, sin conciencia. Entonces es cuando creemos erróneamente que somos víctimas de aquello que nos sucede, y creemos que nos tenemos otra salida que la queja y la culpa. Y ese es un acto inconsciente de la percepción en distorsión. De la inercia de la mente.

Es la herramienta fundamental para vivir desde el fluir y que todo suceda solo, sin embargo requiere un entrenamiento diario y constante. Desaprender a proyectar, interpretar y juzgar consiste tal solo en dejar de querer controlar lo incontrolable, de esperar a que el resto cambie. Consiste en soltar. Aprender a vivir como los seres más conectados consigo mismo que existen, nuestros grandes maestros, los niños.

Photo by Julia Caesar